El fanatismo tiene dos extremas desventajas,
grita demasiado y sin escuchar a nadie cuando la pasión lo incita
o se calla cuando los hilos teóricos del fanatizador lo mandan.
Por eso aplaude apasionadamente lo que le conviene,
o no responde cuando, aún que le lastime,
la razón se impone.
¿Por qué calla?
¡Razone!
¡Carajo!
Original de Alfonso Díaz Ortega, publicado
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